Cultura abierta y crecimiento o xenofobia y ajuste, por Gabriel Fernández*

Dos sociedades abiertas se fueron construyendo entre fines del siglo XIX y comienzos del XX: en el Sur y en el Norte del continente, grandes masas migratorias dinamizaron culturas y potenciaron economías asentándose en premisas locales y cruzando sus experiencias hasta generar personalidades afiatadas.

 

Los Estados Unidos absorbieron con inteligencia saberes y energías de todo el orbe y configuraron una potencia singular. A través de políticas de Estado activas, integraron contingentes y ampliaron sus perspectivas de consumo hasta delinear un mercado interno sólido y con rasgos expansivos que los colocaron en primer plano mundial.
La batalla de intereses rentísticos -segmentos financieros, narcotráfico, armas- contra ese esquema productivo derivó en dos movimientos reactivos que fueron limando el despliegue: primero el macartismo, con secuelas culturales aplastantes que perduran en el norteamericano promedio, y luego las reaganomics, extremo neoliberal que damnificó la economía norteña y no logra desandarse hasta el presente.
Entre ambos movimientos -cultural y económico- se generó una tendencia a la cerrazón y al autismo que frenó la dinámica creciente estadounidense y privó a esa nación de la creativdad que ofrecen los migrantes y del vigor que implica un mercado integrado.
La sociedad de esa región se transmutó en un lugar sectorizado, segmentado y con primacía rentística. Lo cual derivó en la gigantesca crisis presente.
En la Argentina, la sustitución de importanciones dada una situación internacional determinada y el cruce de culturas originó el formidable crecimiento integrador conocido entre los años 40 y los 50. El impulso resultó tan potente que pese a muchos intentos disgregadores, recién en 1976 los intereses rentísticos y antiproductivos lograron doblegar ese desarrollo.
Durante tres décadas se condensó el macartismo y las reaganomics a la criolla, a través del lanzamiento de políticas cerradas y xenófobas, y de programas económicos neoliberales de rasgos desnacionalizadores y desindutrialistas. El resultado fue la grave crisis que eclosionó en el año 2001 y derivó en una masiva respuesta popular que quebró en las calles la cerviz del modelo conservador y antidemocrático.
En la actualidad, la pugna entre ambas tendencias, la productiva y la rentística, la culturalmente abierta y la cerrada, la integradora y la sectorizada, se palpa con nitidez. El crecimiento comprobable durante los últimos siete años ha sido el resultado de políticas activas con presencia estatal, y de una integración con los vecinos latinoamericanos que dinamiza las miradas y los quehaceres locales.
El surgimiento de propuestas expulsivas y violentas, acompañadas por programas de ajuste que damnifiquen el crecimiento del mercado interno, es una amenaza al potencial cultural y económico nacional. Estas tendencias están bregando por hundirnos nuevamente en una noche oscura asentada en un curioso rasgo hipócrita: con propaganda "argentinista" intentan retomar la entrega de la soberanía y el trabajo argentinos.
Por eso, más allá de las informaciones de actualidad, es preciso reflexionar a fondo y comprender lo que está verdaderamente en juego. Mirar lejos, atrás y adelante, para saber porqué hoy pasa lo que pasa.(Télam)

 

* Gerente del Area Periodìstica. Agencia Télam.

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